Recorriendo Mones

Al pueblo de Mones el arroyo de O Campo lo divide en dos: el barrio de arriba se llama Aldea y el de abajo se denomina Opacio. Tanto el uno como el otro tienen las calles bien pavimentadas, con alumbrado potente en todas ellas y demás lugares. En Aldea hay una plaza con la fuente y sus lavaderos, remodelados recientemente su techumbre y alerones para evitar la lluvia y otras inclemencias si alguien lava o va a por agua. La iglesia y el cementerio también se localizan en este barrio, así como la plaza donde se celebran las fiestas patronales y otros eventos. Al final de esta plaza, hacia la parte de los castaños, se alza el local del bar comunal, de una construcción muy sugestiva y agradable. En el barrio de Opacio se encuentra el edificio de las antiguas escuelas, la plaza de A Cruz, la casa rectoral en O Mato, la fuente de Cascaído, situada en la boca de A Fervenzada, y la fuente de Opacio, con sus lavaderos y el pozo de abrevar ganados. Ambas siempre estuvieron sin techumbre, al raso. El agua de todas ellas es de una gran calidad: fresca en verano y no demasiado fría en invierno.

Las casas de Mones -las ocupadas habitualmente o por algún tiempo, especialmente en verano- han sido remodeladas o reconstruidas por sus dueños para mejorar su estado de habitabilidad, disponiendo todas ellas de agua corriente –procedente del estanque de O Campo, que recoge las aguas de Rigatón-, por supuesto, luz eléctrica permanente, algunas con una buena calefacción, frigoríficos, lavadoras, televisiones –se ven prácticamente todos los canales generalistas-, teléfonos fijos y móviles, algún ordenador, etc. En los últimos tiempos se han edificado amplios y acogedores chalés –alguno con piscina- que le dan al pueblo un aire de modernidad y progreso, además del recreo y bienestar que supone para sus moradores.

Mones cuenta con veinte vecinos a día de hoy, con una población de derecho de unos cuarenta habitantes. La población se puede triplicar en los meses de verano y con motivo de otros acontecimientos. La emigración de los años sesenta redujo a la mínima expresión aquel pueblo con unos ciento veinte vecinos y más de quinientos habitantes. Los de ahora, en general, son personas de edad avanzada. La tasa de natalidad es cero, bueno, hace unos meses nació un niño de un matrimonio joven, que de forma provisional han fijado su residencia en el pueblo. Que les acompañe toda la suerte del mundo en su futuro. Muchos de los vecinos poseen coche para poder deambular libremente. En todo caso sube al pueblo, semanalmente, un microbús para transportar a todas aquellas personas que necesiten bajar a Petín o A Rúa para gestionar asuntos personales o realizar compras de alimentos y otros artículos o asistir a la feria del día siete en A Rúa. No obstante, casi diariamente sube una furgoneta para la provisión de pan, además de otra que vende pescado y otros artículos alimenticios. Cada cierto tiempo pasa el butanero para surtir el gas necesario para cocinar, mantener el agua caliente en el baño, al igual que disponer de una temperatura agradable en las habitaciones en los días de duras heladas y fríos invernales a través de las correspondientes estufas. Los servicios sanitarios están garantizados por un médico y un ATS de la Seguridad Social, con consultorio en Petín. Para urgencias y especialidades hay que trasladarse a la Residencia Sanitaria del Barco, que dista 14 kilómetros de A Rúa en dirección a Ponferrada.

La parroquia de Mones siempre dispuso de un sacerdote permanente, y además, se le asignaba las parroquias de Santoalla y San Paio para oficiar los actos religiosos en domingos y festivos. Por falta de vocaciones religiosas, hace ya bastantes años que Mones se quedó sin párroco propio; la acción pastoral fue encomendada al párroco de Petin y en los últimos años se encarga de la misma el párroco de A Rúa. Todavía se sigue con la ancestral costumbre de tocar la campana por tres veces para avisar a los feligreses del comienzo de la Santa Misa, a pesar de tener un horario prefijado. Igualmente, antes del anochecer y al toque de campana, no faltan personas devotas que recen el Rosario en determinadas fechas del año y con motivo de festividades religiosas. En la cuaresma y Semana Santa se celebra el Vía Crucis, y tampoco faltan las novenas, especialmente la de la Virgen de Fátima y la de la Nuestra Señora del Rosario.

El clima de Mones es muy similar al de toda la zona de Valdeorras, a la cual pertenece. Por ubicarse en el sector oriental de las estribaciones de la Sierra do Eixe, con la mayor altitud en A Pena (1378 m), teniendo enfrente las últimas estribaciones de la Sierra de Queixa, ésta impide la penetración de las borrascas atlánticas, y por eso la pluviosidad anual no es muy abundante, mientras que los veranos son secos y calurosos durante el día. Las tormentas, con los relámpagos, rayos y truenos, parecen decididas a propiciar el infierno y a que reces el miserere. El granizo arruina, en ocasiones, todo el esfuerzo y sudor de los agricultores. Los vientos racheados hacen cimbrear violentamente las ramas de los árboles. Las nevadas ya no abundan como antaño, de hecho nieva muy poco en las inmediaciones del pueblo, no así en las altas sierras que se cubren de tupidas capas blancas en la estación invernal. Las heladas y escarchas se ensañan más de lo deseable, pelando los bigotes y todo lo que se ponga por delante. El campo aparece como carbonizado en esa época. Las nieblas, unas veces procedentes de las montañas y en otras nacidas de las entrañas del embalse de San Martiño, en el término de Petin y A Rúa, tampoco dan respiro en esos días que uno desearía que no amaneciera.

 

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